Ago 21 - 2010
No faltará quien comience a consumirse, haciendo gala de sí mismo cada domingo en un asado íntimo, de sus propios dedos, extremidades y menudencias, hasta que en algún momento, con el fin de cometer su objetivo de saborear el sabor de sí, necesite inevitablemente la ayuda de alguien más que le facilite las tareas de cortar, suturar, asar, servir y dar a probar. Y sólo ahí esta persona encuentre el valor de los "otros".
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