sábado, 2 de junio de 2012

May 8 - 2012

Sigamos con la metáfora alimenticia... yo creo que estamos en un punto en que las mujeres, para los hombres, son como un postre: dulcecito, suavecito, múltiples texturas de diversos sabores, delicado, inevitablemente adornados... Para las mujeres yo creo que somos como un plato fuerte: en un plato más grande, se necesitan más cubiertos para agarrarnos, serruchar unos ingredientes, pinchar (e hinchar) otros, diversas salsas, siempre con la posibilidad de ser más grasosos y sí o sí, más pesados para la barriga... Ellas pueden vivir sin postrecito... en cambio nosotros no... para poder comernos el dulcecito al final siempre nos exigen masticarnos todo ese plato fuerte y pesado que somos nosotros mismos, para ahí sí poder saborearse ese postre. Además... si a uno, por indisciplina gastronómica le da por saltarse ese plato fuerte y llegar directo al postre, lo más probable es que le toque sí o sí ir a buscar otros postrecitos porque quedó con hambre, y los postres con hambre saben mejor. Es más fácil comerse varios postrecitos en una sola sentada que varios platos fuertes... sin embargo hay algunas valientes que lo hacen, y hasta rematan con postre... y otra vez vuelven y comen postre y después plato fuerte otra vez... El problema para uno es que como uno mismo es su propio plato fuerte uno no sabe cuánto le falta todavía por ingerir y masticar, así que es muy probable que por más que pensemos que ya terminamos ese plato fuerte que somos y nos sintamos acreedores legítimos de ese postrecito, probablemente no sea así y entonces ya sabe, un postrecito, después otro, que la Maria Luisita, que el Tiramisucito, que el cheese cakecito, que las brevitas con arequipe...

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